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El acoso moral en el trabajo: un tema tabú. 
¿Por qué cuando hablamos de acoso, un gran número de personas e instituciones miran hacia otro lado? Si miramos a un pasado no tan lejano, ocurría lo mismo con la violencia de género. La vergüenza y el miedo hacían callar a las víctimas y la sociedad también callaba, miraba hacia otro lado. Era una actitud hipócrita, se trataba de tapar y esconder una realidad, una violencia latente que dejaba tras de sí un importante número de víctimas. Un día, sin embargo, todos parecieron despertar. Aquellos pocos que trataron durante tanto tiempo y con gran valentía desenmascarar y difundir este tipo de violencia, lograron su fruto. Hoy por hoy, ya no es un tema tabú, es una violencia rechazada activamente a nivel social e institucional.
No ocurre aún y por desgracia lo mismo con la violencia a nivel laboral.  Digo aún, porque dentro de mi optimismo, estoy convencida de que esta lucha por parte de un grupo limitado de personas arropadas por unas pocas asociaciones, tendrá también su fruto. La sociedad ha de abrir los ojos, perder el miedo, denunciar y no permitir ningún acto de violencia. Tenemos que ser todos conscientes de que el psicoterror en el trabajo provoca un número nada despreciable de víctimas, con secuelas muy similares a las de la violencia de género.  Es cierto que el acoso moral es prácticamente invisible y los pocos que lo detectan no suelen actuar, bien por miedo, bien por “adhesión” al grupo acosador… y todo esto contribuye a que los avances en nuestra lucha vayan “pasito a pasito”, lentamente y mientras,  aumenta de forma alarmante el número de víctimas y con ello, el número de personas con graves problemas de salud, tanto a nivel físico como psíquico.  
Es necesario actuar en masa; de nada sirve la denuncia de unos pocos si la mayoría intenta ignorar esta lacra. Cerrar los ojos significa permitir este tipo de conductas; callar significa aceptarlas y, por tanto, ponernos del lado del  acosador, impedir que éste reciba su justo castigo y, en definitiva, impedir acabar con este tipo de actos perversos. La víctima es reo de su acosador y, en consecuencia, el acosador ha de ser reo de la justicia.
Necesitamos actuar de forma más tajante, más abierta, sin tantos tapujos, pues la víctima necesita con urgencia más “herramientas” para poder defenderse, para recibir ayuda, para sentirse apoyada. 
En  pocas palabras: necesitamos PERDER EL MIEDO.
Autor: Gabriela Acedo Emmerich                                                                                     
Miembro de la Junta Directiva de ANAMIB


El acoso laboral: La cultura del terror
Sé que es ardua la tarea de hacer llegar al lector los sentimientos y emociones de una víctima de acoso, y, por otro lado, las manipulaciones y el maltrato, en especial el sutil, a la que es sometida por parte del acosador.
El acoso moral en el trabajo es el “crimen perfecto” (M.F. Hirigoyen). Y lo es, porque es difícil de demostrar. No deja rastro, aunque sí una huella profunda y grave en el interior de la víctima. Es un maltrato que suele permanecer impune.
“…No hay ninguna prueba de la realidad que está padeciendo. Cuando hay violencia física, sí hay elementos exteriores que están ahí para atestiguar lo que sucede: informes médicos, testimonios oculares o informes policiales. Pero en una agresión perversa no hay ninguna prueba. Se trata de una violencia “limpia”. Nadie ve nada”. Marie-France Hirigoyen en “El acoso moral”.
Son múltiples las conductas de maltrato psicológico en el ámbito laboral y todas ellas son consecuencia de una grave FALTA DE RESPETO: Insultos, miradas de asco y desprecio, adjudicación de tareas por debajo o por encima de la capacitación del trabajador, burlas…, conducentes a lograr el aislamiento de la víctima. Imagínese por unos momentos que, en contra de su voluntad, se le lleva a un lugar solitario durante meses y meses, abandonado a la buena ventura. ¿Ya le parece una situación dramática? Pues póngase en la piel de una víctima: no sólo es abandonada, incluso por sus compañeros, sino que además es maltratada, sin dejarle ninguna opción para defenderse.
La víctima se siente rechazada e incomprendida: rechazada en su círculo laboral e incomprendida, tanto en este último como en el círculo familiar y social. Es constante su afán por lograr que su entorno la entienda y comprenda,  pues escucha con frecuencia  “no te has adaptado”, “no aguantas nada”, frases con las que ella misma se autoinculpa. Para ello malgasta la poca energía que le queda.
Las consecuencias a nivel físico y psíquico sobre la salud de la víctima son nefastas y a veces irreversibles, llegando incluso al suicidio. Puede parecer exagerado, pero muchas víctimas, no me atrevo a decir la mayoría, ha jugado con el pensamiento de quitarse la vida. Existen datos en cuanto a la tasa de suicidios por acoso laboral. No obstante, éstos son relativos, puesto que se refieren a los suicidios de personas que han sufrido acoso laboral constatado. Seguramente podríamos añadir un buen número más de casos.
Las consecuencias sobre la salud física abarca un amplio espectro de dolencias: lumbalgias, dolores musculares, cervicales, colon irritable, problemas gastrointestinales en general, dermatitis y alergias, empeoramiento de dolencias anteriores, disfunción tiroidea, dolencias cardíacas, hipertensión…
En cuanto  a la salud psíquica, las repercusiones pueden llegar a ser mucho más graves: cuadros ansioso-depresivos, depresión mayor,  irritabilidad, bloqueos mentales, falta de concentración, sentimientos de culpabilidad, duda, miedo, baja autoestima, trastorno de estrés postraumático…
Quisiera hacer especial hincapié en el anteriormente mencionado Trastorno de Estrés Postraumático (TEP). La víctima revive constantemente situaciones de maltrato a las que ha estado sometida. Va mucho más allá de un simple recuerdo: es una especie de película muy real que en cualquier momento empieza a rodar en la mente. Cualquier olor, frase, postura… puede hacer saltar el “botón de encendido”. 
El miedo es otra secuela que sufrirá la víctima durante un largo periodo de tiempo. Puede durar años e incluso incapacitarla de por vida para su reincorporación al mundo laboral. El miedo o la fobia al lugar de trabajo, a cualquier persona relacionada con el mismo, es un factor común en todos los afectados por acoso psicológico. De hecho, cuando una persona empieza a desarrollar esta fobia, es más que probable que esté siendo acosada. Cuando su cabeza le está recordando su obligación de tener que ir a trabajar, pero sus piernas parecen no querer o, mejor dicho, no poder responder a esta orden, es cuando hay que activar la alarma roja.
Y no olvidemos que la víctima ha perdido toda su autoestima y confianza en sí misma. Ya no vale nada, no hace nada bien. Sentimientos de culpabilidad y duda le acompañan a diario. Llega incluso a dudar de su salud mental, a pensar que el problema radica en ella, que no es capaz de ver la situación en su justa medida…
¿Cuál es la finalidad del acoso moral en el trabajo? El fin principal que persigue el acosador es apartar a la víctima de su entorno laboral, es decir, lograr que ésta abandone su trabajo voluntariamente, porque por algún motivo le resulta incómoda y molesta. No obstante, el acoso moral en el trabajo responde en muchas ocasiones a la necesidad imperiosa por parte del hostigador a “desahogarse”, a fortalecer su ego, mediante este tipo de conductas. En otras palabras, necesita a una víctima para sentirse bien.
Según el profesor Iñaki Piñuel y Zabala el acoso laboral se desarrolla “con el objetivo de intimidar, apocar, reducir, aplanar, amedrentar y consumir emocional e intelectualmente a la víctima, con vistas a eliminarla de la organización o a satisfacer la necesidad insaciable de agredir, controlar y destruir que suele presentar el hostigador, que aprovecha la situación que le brinda la situación organizativa particular (reorganización, reducción de costes, burocratización, cambios vertiginosos, etc.) para canalizar una serie de impulsos y tendencias psicopáticas”.
Existen muchas referencias y descripciones sobre la personalidad del acosador, coincidiendo prácticamente todas en que son personas cobardes, envidiosas y manipuladoras. La víctima tiene algo que éste no tiene y simplemente, no lo puede soportar. Les caracteriza una falta total de empatía. Sólo buscan su propia satisfacción, sin importarles los medios ni las consecuencias de sus actos. ¡No tienen sentimientos de culpabilidad!  En muchas ocasiones, son personas que, a simple vista, resultan encantadoras. De allí su peligro: saben seducir y ello les confiere impunidad ante los ojos de personas ajenas al entorno. Pocos son los que podrán creer que “este señor o esta señora tan encantador/a sea capaz de hacer daño a alguien”. Incluso la misma víctima, que ha caído en las redes de la seducción, no lo puede entender, produciéndose los ya anteriormente mencionados sentimientos de culpabilidad y duda, así como una desestabilización emocional en la misma.
En lo concerniente a la personalidad del acosado, y, contrariamente a lo que pudiera parecer, no es una persona débil o frágil. Suele ser un trabajador competente, serio y con un elevado sentido de la ética. Y, ante todo, no es una persona inestable emocionalmente, como quiere hacer creer el acosador.  “La víctima es víctima porque ha sido designada por el perverso” (Marie-France Hirigoyen, El acoso moral). Ha enfermado porque ha tenido la mala suerte de haber sido “la elegida”  por el maltratador, porque no tiene la capacidad de manipulación de éste, porque no puede entender que existan personas que necesiten destruir a otras, y un largo etcétera.
“El acosador selecciona un perfil de persona abierta, alegre, con talento, con carisma, comunicativa, feliz, etc. Estas cualidades las envidia el acosador porque no las posee” (Piñuel y Zabala, 2001)
Y en esta misma línea: “Las víctimas son envidiadas porque enseñan demasiadas cosas. Son incapaces de no evocar el placer que sienten cuando poseen tal o tal otra cosa. Son incapaces de no hacer pública su felicidad” (Marie-France Hirigoyen, El acoso moral).
¿Cuándo podemos hablar de acoso laboral? Técnicamente, para que se pueda hablar de acoso laboral, deben existir conductas de maltrato moral durante un periodo mínimo de seis meses y con una reiteración de los mismos de al menos una vez por semana.
No debemos confundir una situación de acoso moral con una conducta irrespetuosa puntual o un simple conflicto laboral, si bien este último es normalmente el desencadenante de una situación de hostigamiento psicológico. Es decir, no todo conflicto laboral desemboca en acoso, pero el acoso laboral sí que se ha desarrollado a partir de un conflicto que, en numerosas ocasiones, la víctima ni reconoce. El clima laboral proclive para que dicho conflicto culmine en una situación de acoso moral en el trabajo o mobbing, es aquél inherente a instituciones “enfermas”, con una mala organización interna, con una atribución de tareas no bien definida, hecho, este último, que alienta y alimenta las envidias, los enchufismos, el afán de escalar puestos a costa de los demás…
La lucha de la víctima no termina una vez desligada su relación con el ámbito laboral tóxico, en los casos en que esto sea posible. Evidentemente el alejamiento de aquel lugar que tanto daño le ha hecho, resulta ya un gran alivio. Pero aún ha de recorrer un tortuoso camino, no sólo desde el punto de vista de su salud, sino también desde el punto de vista jurídico.  En muchísimas ocasiones ha de demostrar lo indemostrable, porque el acoso ha dejado graves secuelas pero ningún rastro físico ni material. ¡Buen cuidado ha tenido el acosador en evitar que existan pruebas documentales ni de otro tipo de su conducta! Raras veces encuentra la víctima el apoyo de compañeros: ellos han visto, han oído, pero callan por miedo o por cualquier otra razón. Han sido y son los llamados “testigos mudos”. Pocos medios le quedan al acosado para defenderse.
No obstante, desde el punto de vista jurídico, podemos hablar ya de un importante avance. Desde el mes de diciembre de 2010, el acoso moral en el trabajo queda tipificado como delito recogido en el Código Penal, en su artículo 173: Serán castigados con una pena de prisión de seis meses a dos años “los que, en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad, realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que, sin llegar a constituir trato degradante, supongan grave acoso contra la víctima". Pero no hay duda de que aún queda un largo camino por recorrer. No olvidemos la dificultad ya anteriormente mencionada, de poder demostrar la existencia de hostigamiento o violencia laboral y la aportación de pruebas es fundamental en cualquier juicio. Cada vez con mayor frecuencia se admiten a prueba las grabaciones, pues es prácticamente la única arma de la víctima. Los informes periciales, psicológicos y médicos son también de vital importancia.
Desde el punto de vista social, nos hallamos ante una lacra, cuya erradicación es difícil y que precisa una lucha coordinada, preventiva y bien definida por parte de todos, puesto que no sólo afecta a la víctima y a su entorno: afecta a todo ciudadano. Pensemos en los enormes costes que acarrean estas actitudes: judiciales, médicos (asistencia, medicación y largas situaciones de I.L.T. que, en ocasiones, acaban con una incapacidad  permanente), empresariales (absentismo), etc. etc.
Por fortuna, cada vez es mayor el número de personas que conocen el significado de éste y otros términos sinónimos o similares tales como acoso psicológico, acoso moral, psicoterror, hostigamiento laboral, mobbing etc. etc. y se interesan por este tema. En España contamos con algunas asociaciones de ayuda, pero desgraciadamente son pocas en proporción al número de afectados que hay y su campo de actuación es limitado, en el sentido de que no disponen de ayudas o subvenciones.  En mi opinión no se les da aún la importancia que tienen ni se les reconoce adecuadamente su trabajo y sus méritos a nivel social: atienden a la víctima, ayudándola y asesorándola en todos los campos necesarios (salud, legal, prevención) y, con ello, aceleran el proceso de curación, disminuyendo, por tanto, los costes sociales que se originan.
Y, por último, quisiera resaltar que una buena medida de prevención es la difusión de toda la información posible. Reconocer una situación de acoso a tiempo implica minimizar el factor de riesgo de enfermar, ya que permite a la víctima reaccionar y  actuar adecuadamente.
Autor: Gabriela Acedo Emmerich                                                                                 
(Vocal de Relaciones Institucionales de ANAMIB)
AEPSAL, revista prevencionistas, pág. 27
MINISTERIO DE EMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo.
http://www.anamib.com/colaboraciones/elacosolaboral.htm
http://www.revistasoymujer.eu/w/index.php/articulos/derechos/989-el-acoso-laboral-la-cultura-del-terror.html