Colaboraciones


      ¿Hacia dónde vamos?        

       En nuestros días la humanidad está avanzando notablemente a nivel tecnológico, científico, médico,..etc. (¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!, decía Don Hilarión). Para muestra de ello sirvan los ipods, iphones, tecnología wii, consolas de videojuegos, móviles de última generación, vehículos cada vez más rápidos y aerodinámicos, nanotecnología, robótica, ordenadores y un largo etcétera de inventos y descubrimientos que impulsan al ser humano hacia la construcción de una sociedad altamente tecnificada; sin embargo, ante este desarrollo sin precedentes en la historia de este planeta me pregunto si, como personas, estamos evolucionando de igual modo; si estamos preparados para el uso de esta tecnología; si sabemos en definitiva, relacionarnos unos con otros y vivir en armonía con nuestro entorno y con nuestros semejantes. ¿Cómo responder a esta pregunta de forma objetiva? Creo que la mejor manera es observar detenidamente el mundo que nos rodea y ver qué encontramos en él.
       En este sentido, podemos afirmar que, en nuestros días, existe un alto índice de lo que he venido definiendo como “violencia social”; es decir, una sociedad que se ha ido desarrollando y nutriéndose de algún modo de esa violencia que ya forma parte de la misma. Acaso conciben un mundo sin ejército ni policía; sin bancos, sin barreras ni cárceles ni fronteras… ¡Una utopía!, ¿verdad?
      Y es que podemos afirmar que la violencia es estructural y está tan inmersa en la sociedad misma que incluso nos hemos “acostumbrado” a ella. Y no me refiero a los actos violentos más llamativos, que son repudiados prácticamente por todos sino por esos “pequeños” actos cotidianos que presenciamos casi a diario y que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidos o para los que, simplemente, “no tenemos ojos para ver”. Aquí caben las faltas de respeto, las desconsideraciones, los insultos, las humillaciones y las injusticias, entre otros.
      El entorno laboral, desgraciadamente, no ha quedado libre de esta “violencia social” y, de este modo, nace el llamado “mobbing” o acoso laboral para referirse a un tipo de violencia psicológica ejercida en los entornos laborales donde una o varias personas, mediante el ejercicio intencional y sistemático de determinadas acciones hostiles dirigidas hacia otra (el “chivo expiatorio” o “víctima”) pretenden conseguir su total aislamiento y definitiva exclusión de la empresa en la que trabajan haciendo uso para ello de todo tipo de tretas y artimañas que, van minando, lenta pero inexorablemente, la salud de quien las padece. Frente a esta lacra social, frente a estas injusticias, ¿podemos permanecer sentados y mirar hacia otro lado? ¿Acaso podemos consentir que personas brillantes, trabajadoras, honestas, íntegras y con gran capacidad de empatía (este es el perfil general de las víctimas de “mobbing”) sean excluidas sistemáticamente de las empresas por quienes simplemente no soportan la excelencia ajena y hacen gala de su envidia, mediocridad y falta de ética? ¿Qué clase de servicios pueden ofrecer estas empresas con directivos o trabajadores de semejante naturaleza?
      Recuerdo aquella frase de Martin Luther King que decía: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. ¡Efectivamente, esta sigue siendo nuestra tarea pendiente! De nada sirve la razón si el corazón se ha quedado atrás. Y es que la inteligencia sin amor nos hace perversos”. ¡Y no podemos prescindir del amor!
      Hace ya algunos años el célebre y magnífico actor Charles Chaplin ya alertaba contra una sociedad que esclavizaba al ser humano al ponerlo al servicio de unos fines mercantilistas y consumistas y “encadenarlo” a un sistema deshumanizado que lo oprimía cada vez más y que terminaba por sofocar sus mayores ilusiones y sueños. En palabras del propio Chaplin en “El gran dictador”: “Tenemos que ayudarnos unos a otros. Los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás. No hacerlos desgraciados”. [ ] “Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado nosotros”. [ ] “Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad; más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta”.  ¡Proféticas palabras!
       Construyamos, pues, entre todos, una sociedad más humana. Hagamos de la bondad y la humanidad nuestra “moneda de cambio” comenzando por denunciar los abusos y tratos inhumanos y degradantes que presenciemos o conozcamos. Recuperemos los valores de la honestidad, la compasión y el amor. Seamos de nuevo personas que sienten y viven como personas. ¡Pongámosle “corazón” a nuestra vida!... ¡Por favor!

Antonio de Fuertes
Psicólogo humanista
      


 TERAPIAS PARA EL MIEDO I

Ya he compartido con vosotros como viví al principio la agorafobia y los trucos de los que me rodee para poder seguir adelante. Os he presentado una serie de técnicas paliativas que me sirvieron.
De manera paralela os prometí ir envolviendo cada entrada con una buena dosis de optimismo. Por eso voy a hacer una recopilación de lo que para mí fueron las piedras angulares de mi curación. Algunas de ellas ya las he desarrollado, otras por el contrario están aún en la incubadora creativa, esperando su momento:

Piedra-Avance: El tiempo no se cuenta en días, se mide en avances. Aun estando en el camino de la recuperación, a veces me parecía demasiado largo, con muchas vías que no llevaban a ninguna parte. Hice bien en no tirar la toalla porque detrás de cada recodo, me encontraba una recompensa.

Piedra-Activa: Cuando asumí que era parte activa de mi vida, me conciencie de que yo llevaba las riendas de mi propia curación y eso me ayudó a seguir.

Piedra-Positiva: Ejercitar mi mente con pensamientos positivos, me sirvieron para liberarme de muchos momentos de sufrimiento a lo largo del día, así aligeré mi mochila de angustias. Si me levantaba con un día malo, intentaba no recrearme en esa sensación. Procuraba pensar en algo agradable y sencillo que me permitiera encontrar mi momento de bienestar.

Piedra-Ayuda: Di un gran paso, cuando reconocí que no era autosuficiente y necesitaba ayuda externa.

Piedra-Fuerza: Confiar en mi fuerza interior, dejarla germinar y crecer para sentirme más enérgica me sirvieron para seguir afrontando nuevas etapas.

Piedra-Pulidora: La he llamado de esa manera tan especial, porque al quitar el miedo te liberas de una sustancia pegajosa que envuelve y no deja tocar la realidad. Esta piedra me ha acompañado durante los últimos años. Ha sido mi lija. Con ella junto con la Piedra-Fuerza, la Piedra-Positiva, la Piedra-Avance y Piedra-Ayuda he conseguido ir limando las capas que me sobraban. Ahora mirar hacia atrás me hace sentirme más fuerte. Si eres fuerte, puedes seguir creciendo.  

http://www.cuartodecontadores.es/2011/08/terapias-para-el-miedo-i-piedras.html 


TERAPIAS PARA EL MIEDO II

¿Has empezado a usar las piedras? La gran ventaja es que las puedes utilizar cuando quieras, son inocuas. Si tienes depresión, ansiedad ó simplemente estás hasta ‘el gorro’ de todo lo que tienes alrededor, puedes desconectar unos segundos y por ejemplo coger la Piedra-Positiva para lanzarte una buena idea de bienestar, que te ayude a tomar aire y seguir.

Si estás leyendo esto y piensas que tú no tienes elección, que lo tuyo es una depresión de muchos años ó una ansiedad arrastrada desde la infancia…recuerda mi carta de presentación, yo he vivido con miedo y sé perfectamente que hay días en los que supone un gran esfuerzo lanzar una idea fuera de tu mente que no sea el monotema: angustia, angustia y más angustia, no estoy bien pero no puedo hacer nada por cambiarlo.

Si ese es tu caso, te lanzo la Piedra-Activa: “tú llevas las riendas de tu curación”. Veeeenga! Vaaaamos! Seguro que si piensas un poquito eres capaz de encontrar algo agradable y fácil de hacer y que te gusta… ¿una infusión al final del día? ¿hacer punto de cruz? ¿una película de risa?. ¿No lo encuentras? Entonces tienes que hacer por tenerlo, contrata un masaje de pies, vete de tiendas, dibuja, garabatea en un papel cosas que sabes son tuyas y te animan… vamos! Tú puedes! Tú puedes!

Si por el contrario no tienes ansiedad yo sólo pasaba por aquí… y al leerlo piensas que las piedras que te lanzo no valen en momentos de la vida real, reuniones, confrontaciones con la pareja, berrinche de los niños… te diré que discrepo de ti. Por ponerte un ejemplo, mi hija está más tranquila si yo estoy tranquila y para estar relajada a veces uso la Piedra-Positiva.

Dicho lo dicho, os dejo mis Pilares del Bienestar, úsalos!! 

http://www.cuartodecontadores.es/2011/08/terapias-para-el-miedo-iipiedras.html