6 mar. 2012

UN INTRUSO LLAMADO DEPRESIÓN

Tras haber leído un enlace muy interesante en una red social sobre la depresión y, en definitiva, cómo superarla y habiéndome sentido totalmente identificada con el mismo, he pensado que mi experiencia al respecto os podría servir de ayuda.
Acudes al médico porque te sientes mal, lloras todo el día sin razón aparente, el sofá es tu mejor aliado. Abandonas todo tipo de actividad, incluso te abandonas a ti mismo/a. Intentas dormir todo el día para evitar pensar, lo ves todo negro y las ganas de vivir te han abandonado. Te sientes como un saco vacío, sin energía ni fuerza alguna y realmente todo, absolutamente todo, te es indiferente.  Llegados a este punto has abandonado las riendas de tu vida y estás convencido/a de que así será para siempre.  Es como si el sol hubiera dejado de luchar para poder asomarse entre unos nubarrones negros y densos.
Oblígate a realizar alguna actividad manual. Yo, por determinadas circunstancias, me dediqué a la bisutería. Leer no sería una buena opción porque la capacidad de concentración es prácticamente nula. Como mentalmente estás agotado/a, elabora por escrito un horario de actividades para cada día de la semana. Si te sientes incapaz de hacerlo, pide ayuda a alguien de tu familia o a un amigo. No es tan difícil, ¡inténtalo! Una vez hecho, puedes colgarlo en la puerta de la nevera o llevarlo contigo en una agenda. Lo único que tienes que hacer cada día es mirar lo pautado y realizarlo. Son unas normas autoimpuestas por las que tienes que dejarte llevar y cumplirlas a rajatabla. A mí personalmente me ayudó mucho seguir un horario muy estricto, como hacemos con los bebés y niños pequeños.  Supuso un alivio “mental”, pues no tenía que pensar, sino simplemente mirar el “papelito” e ir haciendo como un autómata las actividades impuestas (entre las cuales estaba naturalmente la alimentación y la higiene personal).
Sé constante, no creas que con unas pastillitas en un par de semanas o meses está todo solucionado. Has de poner de tu parte y dejarte llevar por los profesionales. Tendemos a abandonar los tratamientos al cabo de un tiempo porque no vemos mejoría a corto plazo. Pero si abandonas y luego retomas, todo el tiempo invertido está perdido. Has de volver a empezar desde cero. El orgullo lo podemos guardar en el bolsillo. Pensamientos como “yo me conozco”, “a mí eso no me va”, etc… no sirven de nada, porque realmente en estos momentos ¡no eres tú! Estás enfermo/a y es el profesional quien ha de decidir tu tratamiento y su duración. 
Gabriela Acedo Emmerich