1 ene. 2012

HE APRENDIDO...

He aprendido que es necesario hablar y desahogarse y no permitir que el dolor se “enquiste”. Durante un par de años estuve encerrada en mi misma, sin hablar del tema, llevada por un inmenso miedo a revivir la situación. ¡Qué absurdo! Pretendía olvidarlo todo de esta manera, pero en mi cabeza no paraban de rodar secuencias de situaciones ocurridas en el trabajo.  Cualquier palabra, tono de voz, situación de la vida cotidiana que me recordaba la oficina despertaba en mí sensaciones más que desagradables. Me refugié en la comida, mejor dicho, en controlar la comida. Un día, no sé porqué ni cómo, mi psiquiatra me hizo hablar del tema: me sentí como si me hubiera desprendido de una enorme y pesada piedra y empecé a mejorar rápidamente. 
Es muy difícil afrontar la situación pero callando no hacemos otra cosa que alargar el proceso de curación.  La sensación de ahogo y bloqueo, cuando te empiezan a hablar del tema es cada vez menor, una vez te has desahogado. La primera vez es, como en tantas otras situaciones de la vida, la más difícil.

He aprendido que hay que dejarse llevar y guiar por los profesionales, por muy absurdas que nos parezcan sus recomendaciones. Recuerdo que mi terapeuta me hizo escribir una carta por duplicado a mi acosador y así lo hice. Una la tenía que enviar a la oficina y la otra ¡QUEMARLA!  En el momento que me dio esta indicación mi psiquiatra me tuve que reír y me sentí también muy reacia a hacerlo, pero cumplí con su recomendación y, curiosamente, me hizo sentir mejor. Evidentemente no obtuve respuesta alguna ni esperaba noticia alguna de su parte, pero al menos pude expresar lo que sentía en aquel momento y era otra forma de desahogo.

He aprendido que la información es imprescindible: hay que leer sobre el tema en foros, libros… Es una gran ayuda, quizás no en una primera etapa, en la que se es incapaz de leer algo que recuerde lo sucedido, pero sí posteriormente, cuando emocionalmente estamos ya algo más estables y fuertes. La información es muy importante para que como víctima puedas identificar lo que ha ocurrido, entender que no eres ni la primera ni la única persona que ha vivido una situación así y que, por tanto, tus reacciones físicas y psíquicas son comprensibles, explicables y normales.

He aprendido que una alimentación sana y equilibrada es un buen alimento para el alma. Dejar de comer o comer con desorden no es precisamente una ayuda para superar una depresión. Quizás nos haga sentir bien por unos breves instantes, pero es realmente un autoengaño.

He aprendido que siempre hay un camino para salir, que hay que dejarse ayudar, que hay que poder llorar y no intentar aguantar y aguantar y que las heridas al aire libre curan con mayor celeridad que si las dejamos “dentro”.