29 dic. 2011

REFLEXIONES SOBRE EL MIEDO

Las actitudes hostigadoras provocan el miedo tanto en la víctima como en los que la rodean y, probablemente también en el hostigador. Hablar de acoso laboral es, hoy por hoy, un tabú y mientras no deje de serlo,  combatirlo es una auténtica hazaña, colocando al afectado en numerosas ocasiones en situación de indefensión en todos los ámbitos, incluso en el legal.
Cada situación de acoso moral en el trabajo es un mundo, pero hay siempre muchos puntos en común. El miedo es precisamente el más destacable, en mi opinión.  Cuando una persona está siendo sometida a maltrato psicológico, muchas veces ni lo percibe. En cambio, sí que nota que determinadas situaciones, recuerdos, olores, palabras, le producen una sensación sumamente desagradable y reacciona con auténticos ataques de pánico o ansiedad, le falta la respiración, tiene la sensación de que “se va a caer redonda al suelo”, la cabeza parece explotar, suda por todo el cuerpo pero al mismo tiempo siente frío, el corazón da latigazos…
Pero ¿qué ocurre con los “secuaces”, “testigos mudos” y “hostigadores”? Creo que todos ellos también están dominados por el miedo. De hecho, es éste el que les hace reaccionar de forma tan anormal:
                -El hostigador, dentro de su “mente enferma”, no tiene otra cosa que miedo a la persona que hostiga: miedo a que en alguna faceta sobresalga más que él, miedo a que tenga más que él; es un miedo que nace de la envidia, de los celos y de la inseguridad. Incluso, diría yo, miedo a que otros descubran cuál es su auténtico yo, que tratan de enmascarar continuamente.
                -Los secuaces, es decir, aquéllos que toman la decisión de apoyar activamente las actitudes del hostigador, también están dominados por el miedo. Quizás por el mismo tipo de miedo del acosador: celos, envidias..., temor a que su compañero (acosado) destaque más en alguna faceta.
                -Los testigos mudos, aquéllos que ven pero callan, lo hacen realmente también por miedo. En la mayoría de los casos, seguramente, por miedo a sufrir represalias, a perder su puesto de trabajo, a ser hostigados ellos mismos. Son “amigos” que dejan de serlo en el momento que surge el término “ACOSO”. Son compañeros que crees que te apoyan, pero en el momento clave desaparecen y se esconden. ¡Cuánto duele esta actitud!

Superar este miedo para la víctima, es un camino largo, arduo, pero que seguramente conseguirá, porque es un miedo producido por una situación determinada, es una reacción emocional.
Pero, ¿podrán los hostigadores, secuaces y testigos mudos superar su miedo o es algo inherente a su naturaleza, a su forma de ser?